Choose life.
Choose a job.
Choose a career.
Choose a family.
Choose a fucking big television, choose washing machines, cars, compact disc players and electrical tin openers.
Choose good health, low cholesterol, and dental insurance.
Choose fixed interest mortage repayments.
Choose a starter home.
Choose your friends.
Choose leisurewear and matching luggage.
Choose a three-piece suite on hire purchase in a range of fucking fabrics.
Choose DIY and wondering who the fuck you are on a sunday morning.
Choose sitting on that couch watching mind-numbing, spirit-crushing game shows, stuffing fucking junk food into your mouth.
Choose rotting away at the end of it all, pishing your last in a miserable home, nothing more than an embarrassment to the selfish, fucked up brats you spawned to replace yourself.
Choose your future.
¡Choose life!
I chose not to choose life: I chose something else.
27 nov 2011
Trainspotting
18 nov 2011
Taller de Perfilación Criminal
Taller impartido por el Lic. Pedro Alfredo Velazco Cruz egresado de la Licenciatura en Psicología de la Escuela Superior de Psicología de Cd. Juárez, certificado por el departamento estatal de profesiones como perito en materia de Psicología y cuenta también con la certificación como perito en Criminalística de Campo.
Cuenta con la Especialidad en Diseño de Perfiles Criminales, reconocido y avalado como Perfilador Criminal por parte del Colegio Mexicano de Ciencias Forenses, oficialmente el primer Perfilador Criminal del Estado de Chihuahua en dos casos de homicidio y un caso de violación serial en el año 2008.
Curso de capacitación en el año 2005 “Evaluación de la Escena del Crimen de Agresores Desconocidos” Robert Ressler F.B.I. Capacitado por la Policía Estatal de New Mexico en el año 2008 en investigación de Homicidios.
Curso Investigación de Homicidios Policía Judicial de Marsella, Francia.
En la actualidad es coordinador de la Unidad de Análisis de la Conducta Criminal en los Laboratorios Forenses en Cd. Juárez, Chihuahua donde realiza el perfil de personalidad del agresor mediante el análisis conductual de la escena del crimen.
Autor de 20 artículos en páginas de internet relacionados con la Psicología Criminal, Conferencistas en Congresos Nacionales e Internacionales y titular de varias universidades mexicanas en las asignaturas de Psicopatología Social, Psicología Criminal, Victimologia, Criminología, Criminalística, Conducta Sexual Anormal y por supuesto Perfilacion Criminal.
Del 23 al 26 de Noviembre en el Centro Universitario de la Costa.
7 nov 2011
1ra Jornada Académica/Cultural: "SÉ Académico"
"UN ENCUENTRO PARA EL ARTE, LA CIENCIA Y LA CULTURA"
CENTRO UNIVERSITARIO DE LA COSTA
UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA
PROGRAMA
09:00 HRS. INAUGURACIÓN
Lugar: Explanada del Kiosco
10:00 HRS. TALLER LITERARIO "EL TINTERO"
- Sociedad de Escritores de Puerto Vallarta
Lugar: Explanada del Kiosco
11:00 HRS. CONFERENCIA MAGISTRAL
• Mtro. Francisco Ramírez Arroyo
- Director de Cultura Portátil
Lugar: Auditorio EDULAB
13:00 HRS. PRESENTACIÓN OFICIAL DE LOS TALLERES CULTURALES DEL CENTRO UNIVERSITARIO
- Danzas Polinesias
- Canto
- Taller de Pintura al Óleo
- Malabares
Lugar: Explanada del Kiosco
15:00 HRS. COLOQUIO
• Dr. Gustavo Ángeles García
- Coordinador de Cultura UdeG
• Dr. Carlos Gauna Ruíz de León
- Director División de Estudios Sociales y Económicos
• Mtro. Jorge Grajeda Velázquez
- Departamento de Filosofía del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades
Lugar: Auditorio EDULAB
16:00 HRS. TORRENTE DE LETRAS Y EN SUS CHARCOS MÚSICA
Lugar: Auditorio del Kiosco
17:00 HRS. CONFERENCIA MAGISTRAL
• Dr. Efrain Franco Frías
- Instituto de Investigaciones Estéticas del Centro Universitario de Artes, Arquitectura y Diseño
Lugar: Auditorio Juan Luis Cifuentes Lemus
18:30 HRS. CONCIERTO
• Antonio Huerta
• Los Monda
• El Arte de la Fuga
• New Old Blood
• Fulton
• Julio II
Lugar: Explanada del Kiosco
21:00 HRS. CLAUSURA
Lugar: Explanada del Kiosco
ARTISTAS VISUALES DISTINGUIDOS
• Sergio Lucano
• Hector Cancino
• Joel Ricardo Guzmán
"Por una comunidad cultural, científica, de investigación y enseñanza"
SÉ Académico
29 sept 2011
No, no se olvida...
1
Nadie sabe el número exacto de los muertos,
ni siquiera los asesinos,
ni siquiera el criminal.
(Ciertamente, ya llegó a la historia
este hombre pequeño por todas partes,
incapaz de todo menos del rencor).
Tlatelolco será mencionado en los años que vienen
como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea,
pero esto fue peor,
aquí han matado al pueblo;
no eran obreros parapetados en la huelga,
eran mujeres y niños, estudiantes,
jovencitos de quince años,
una muchacha que iba al cine,
una criatura en el vientre de su madre,
todos barridos, certeramente acribillados
por la metralla del Orden y Justicia Social.
A los tres días, el ejército era la víctima de los desalmados,
y el pueblo se aprestaba jubiloso
a celebrar las Olimpiadas, que darían gloria a México.
2
El crimen está allí,
cubierto de hojas de periódicos,
con televisores, con radios, con banderas olímpicas.
El aire denso, inmóvil,
el terror, la ignominia.
Alrededor las voces, el tránsito, la vida.
Y el crimen está allí.
3
Habría que lavar no sólo el piso; la memoria.
Habría que quitarles los ojos a los que vimos,
asesinar también a los deudos,
que nadie llore, que no haya más testigos.
Pero la sangre echa raíces
y crece como un árbol en el tiempo.
La sangre en el cemento, en las paredes,
en una enredadera: nos salpica,
nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza.
Las bocas de los muertos nos escupen
una perpetua sangre quieta.
4
Confiaremos en la mala memoria de la gente,
ordenaremos los restos,
perdonaremos a los sobrevivientes,
daremos libertad a los encarcelados,
seremos generosos, magnánimos y prudentes.
Nos han metido las ideas exóticas como una lavativa,
pero instauramos la paz,
consolidamos las instituciones;
los comerciantes están con nosotros,
los banqueros, los políticos auténticamente mexicanos,
los colegios particulares,
las personas respetables.
Hemos destruido la conjura,
aumentamos nuestro poder:
ya no nos caeremos de la cama
porque tendremos dulces sueños.
Tenemos Secretarios de Estado capaces
de transformar la mierda en esencias aromáticas,
diputados y senadores alquimistas,
líderes inefables, chulísimos,
un tropel de putos espirituales
enarbolando nuestra bandera gallardamente.
Aquí no ha pasado nada.
Comienza nuestro reino.
5
En las planchas de la Delegación están los cadáveres.
Semidesnudos, fríos, agujereados,
algunos con el rostro de un muerto.
Afuera, la gente se amontona, se impacienta,
espera no encontrar el suyo:
"Vaya usted a buscar a otra parte".
6
La juventud es el tema
dentro de la Revolución.
El gobierno apadrina a los héroes.
El peso mexicano está firme
y el desarrollo del país es ascendente.
Siguen las tiras cómicas y los bandidos en la televisión.
Hemos demostrado al mundo que somos capaces,
respetuosos, hospitalarios, sensibles
(¡Qué Olimpiada maravillosa!),
y ahora vamos a seguir con el "Metro"
porque el progreso no puede detenerse.
La mujeres, de rosa,
los hombres, de azul cielo,
desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa
que constituye la patria de nuestros sueños.
Jaime Sabines
Tlatelolco 68
13 sept 2011
28 de septiembre de 1821
Ésta, y no el 16 de septiembre de 1810, es la verdadera fecha de la firma del acta de independencia de México… coloco la fecha al principio de éste artículo para que se sepa (ya que al parecer nadie sabe cuando se celebra la independencia de México), y para que se ubique, en realidad, que es lo que se celebra el 16 de septiembre: el inicio de la guerra por la independencia de México; guerra, que siendo un fracaso al principio, esa es la verdad, se mantendrá, entre caídas, homicidios, traiciones, genocidios, batallas, ejecuciones, persecuciones, etc., Once años, con doce mese y doce días, hasta concluir, con la formación del ejército Trigarante de Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide y su entrada a la ciudad de México, destituyendo a el último virrey, Juan O’Donoju, y firmando el (así dice…), “Acta de Independencia del Imperio Mexicano, pronunciada por su junta soberana, congregada en la capital el 28 de septiembre de 1821… y así comienza dicha acta: “La nación mexicana, que por trescientos años, ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en la que ha vivido… Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados y está consumada la empresa, eternamente memorable, que un genio, superior a toda admiración y elogio, amor y gloria de su patria, principió en Iguala, prosiguió y llevó a cabo, arrollando obstáculos, casi insuperables…” Así continúa éste Acta de Independencia… un hermoso texto, por cierto, que para variar, muy pocos han leído.
Por eso (me temo que soy un “aguafiestas”), conforme a ésta realidad histórica, creo que deberíamos celebrar el Bicentenario de la independencia de México, dentro de once años, con doce meses y doce días, el 28 de septiembre del año 2021… (Por cierto, que para ésta fecha, no se ha programado ni un solo recordatorio ni mucho menos una celebración, al menos que yo sepa, o que haya sido tan millonariamente publicitada como la del falso “bicentenario de la independencia).
Bien, pues, ni hablar: con omisiones, olvidos, (como el arriba mencionado), tergiversaciones, a veces con más leyendas, fábulas o falsos datos que realidades se ha construido mucha de la historia mexicana. Sería enorme, les aseguro, la lista de acontecimientos, personajes, hechos, o que no existieron, o que se han olvidado, o que en realidad sucedieron de otra manera… la historia novelada y la historia como ciencia en relación a éste tema suelen confundirse al punto de que resulta difícil, mirando al pasado, intentar visualizar lo real… Por ejemplo: realmente en su arenga en el inicio de la rebelión y guerra de independencia, el 16 de septiembre, el cura Hidalgo, ¿dijo lo que dicen que dijo? Allende e Hidalgo, ¿buscaban realmente el mismo tipo de independencia o abrieron la puerta a un movimiento social y militar que en verdad no querían, pero que ya no pudieron controlar? Será cierto que, como consta en cartas y declaraciones frente a tribunales virreinales y eclesiásticos, ¿Hidalgo abjuró del movimiento independentista y se arrepintió de lo que había iniciado? (consta que Morelos también, y hasta ubica a muchos de sus compañeros junto con arsenales, pólvora y municiones escondidas) ¿Será verdad que el general Allende intentó envenenar varias veces al cura Hidalgo, porque éste al final no quiso someterse a las reglas y a la dialéctica de la propia guerra?
Cuesta trabajo imaginar que personajes de tan alta talla, hubieran tenido debilidades y conductas como éstas, cobardes o traicioneras, y nos cuesta trabajo imaginarlos así, porque no vemos en ellos al ser humano como tal, inmerso en un torbellino de circunstancias y acontecimientos a veces muy contradictorios y preferimos ver al ser “inmaculado”, casi “santo”, que algunos “historiadores poetas y novelistas”, han construido, como para que cada uno de estos grandes hombres se conviertan o funcionen frente a nosotros como “espejos de virtudes”, en los cuales debemos reflejarnos; claro, para beneficio y tranquilidad de la clase gobernante o en el poder, que, desde luego, siempre nos dirá que son “herederos” de esos espejos sin mácula, cuasi perfectos que son los héroes. Las luchas y gestas de estos “espejos de virtudes”, justifican su estancia en el poder, porque ellos también, como aparecen en los medios, se creen “espejos de virtudes” .
Ciertamente, me siento como un aguafiestas… pero frente a la celebración, que creo es válida y justificada (tal vez con menos dispendio y exageración); creo que también es necesario pensar, reflexionar objetivamente respecto de nuestro pasado, para intentar encontrar al “ser humano real”, para encontrarnos, en ése mismo sentido, a nosotros mismos, hoy.
No sé a qué obscuros intereses, o a qué obtusa dialéctica obedece ésta enajenación de la historia, esta contaminación del pasado, (ya haría falta una “ecología de la historia, creo); los propios historiadores, los sociólogos, politólogos, etc., pueden argumentar lo que quieran… no importa… sólo sé, que poniéndome, (como un simple y mínimo individuo de éstas agitadas y vertiginosas décadas), frente a los acontecimientos surgidos el 16 de septiembre de 1810 y el 20 de noviembre de 1910, soy (“leanescuchen” bien) "un hijo de los sobrevivientes", así, literalmente y sin falsa retórica.
Contra el mediocre optimismo progresista, miro al pasado para comprobar como los mejores han sido aniquilados, destruidos y, lo que es peor, por culpa de esa enajenación histórica, sin que los hayamos comprendido y en muchos casos, sin que ni siquiera se les haya conocido… es patético…
Más que deprimente, éste es un hecho sumamente triste que se comprueba día con día y por desgracia, (seamos objetivos, por favor), mucho más patente en los jóvenes, cuya ignorancia e inconsciencia respecto de aquellos acontecimientos y grandes hombres y mujeres, no es ya oceánica, sino diutúrnica.
Estoy seguro que ésta afirmación, de que "somos hijos de los sobrevivientes", no tiene para ellos el menor sentido, como pudiera tenerlo para un joven japonés después de Hiroshima, o para un joven judío después de los campos de exterminio nazis; y esto es lo que precisamente resulta grave, porque, ciertamente, de aquellos que vivieron, que pensaron, que trabajaron, que lucharon, que crearon, que sufrieron antes que nosotros, heredamos no sólo la vida, sino también, (ojo…) “el sentido de la vida”, y eso es algo que es necesario considerar y comprender profundamente, para poder reaccionar hoy.
Un ejemplo, a manera “Patria”, “República”, “País”, “Pueblo”, “Libertad”, “Independencia”, “Justicia social”, o “Democracia”, que tuvieron Don Anastasio Bustamante, Morelos, Zapata, Mina, o Juárez; que el sentido que tienen los políticos actuales? Creo que, mejor respóndanse cada quien… y, si tú o usted, respondió que no (digo –irónicamente- es una posibilidad), pregunto de nuevo: ¿seremos capaces de recuperar el sentido que nuestros próceres realmente imprimían a estos conceptos?.
Recalco, que no se trata de simples semánticas, sino dimensiones sintácticas auténticas, vivenciales y hasta trascendentales que tienen que ver mucho con nuestro presente.
Al final, el lado, digámosle así, “sano”, o positivo de éste tipo de recordatorios civiles, sería el de ubicar, a grandes rasgos, a los más jóvenes devolviéndolos al sentido real de lo que es tener y compartir una conciencia histórica, como vínculo funcional, interdependiente, interactivo entre el pasado y el presente. Al respecto me refiero a asuntos no sólo de carácter conceptual, sino también a aquellos de esencia vivencial que genéricamente y en un sentido muy amplio, han afectado al ser humano (no sólo al mexicano), prácticamente en toda su historia, como es concretamente el asunto de la guerra; cuyo inicio, el 16 de septiembre, se “celebra”.
Veamos, desde muy niño, siempre tuve la impresión de que la historia (en general, pero en éste caso la mexicana), era una narración encadenada por una interminable sucesión de guerras… guerras precolombinas, guerras de conquista, guerras de independencia, guerras de invasión, guerras de Reforma, guerras revolucionarias, guerras cristeras, guerras del narco… guerras muchas guerras… Es, como si los historiadores nos quisieran decir, que la paz y el progreso, la estabilidad y la evolución sólo pueden obtenerse por medio de la confrontación y la guerra; pero, no es así, entiéndase… NO SOMOS HIJOS DE LA GUERRA (en éste caso, de la guerra de independencia o de la guerra de la revolución), somos hijos de los sobrevivientes de la guerra, algunos, dignos hijos de esos sobrevivientes, otros… bueno… hay otros.
Entender esto, entender la diferencia entre una y otra posición es básico y urgente.
Frente a la escalada estupidizante de los medios de comunicación, frente a la paranoia, la retórica vacua, la omisión o la enajenación histórica, está, actualmente, esa realidad lacerante de la pobreza frente a la riqueza exagerada, la justicia de unos pocos frente a la injusticia masificada, la frustración de muchos, la tristeza y la falta de oportunidades a las que ya son condenados muchos niños y jóvenes… pregúntenle a un niño en condición de calle o a un joven que no puede estudiar o que no consigue empleo, o a una ama de casa que no tiene que darle de comer a hijos, o a un obrero que es despedido de su trabajo, o a un anciano abandonado a su suerte, o a un niño enfermo que no recibe atención médica porque no tiene una credencial o no está “afiliado” (a la vida, será…), pregúntenles a todos ellos, por favor: ¿Qué es patria, justicia social, república, país, democracia...? Pudiera ser, que les respondan, no con el sentido que lo entienden los políticos, sino con el auténtico sentido con el que lo aplicaban nuestros muy dignos (claro que si), padres. En la voz del niño o del joven encontrarán la voz de Morelos, en la del obrero, la de Mina, Allende, o Hidalgo, en la del ama de casa, (“segurito segurito”), la de Gertrudis Bocanegra, Leona Vicario, o Vicenta Elizarrarás, mujeres de todo mi amor y respeto, como el ama de casa actual.
Finalmente, celebren, está muy bien, recuérdenlo, es el Bicentenario del inicio de la guerra de Independencia, no la Independencia de México, y como tal, como guerra que fue, resultó muy doloroso, muy difícil, trágico, lleno de frustraciones y fracasos, sólo recuerden, que a poco tiempo de haber iniciado la lucha, a todos, absolutamente a todos los líderes del movimiento los fusilaron, los decapitaron y con ellos, murieron miles, miles de indígenas, campesinos, militares dignos, intelectuales ejemplares; todos pueblo, pueblo real, como tú (o como usted).
Sin embargo, (observen), el sentido de la vida con el que iniciaron esa dolorosa gesta, lo entendieron, lo sintieron y lo supieron continuar otros, a pesar de todo, de la traición fratricida, del genocidio, del oprobio, del hambre y la muerte; fueron ellos, los milagrosos sobrevivientes, los inocentes de todo y que sólo querían vivir dignamente (igual que antes, como ahora, he ahí parte de la continuidad funcional de la que hablaba) y que por ello lucharon, ellos, los del heroísmo anónimo, el de la lealtad, el del amor a las víctimas, el del honor, la valentía a prueba, los que continuaron y lograron consolidar ése sentido de la vida que heredaron de sus padres… celebren… pero también recuerden con respeto, aquella gente lo merece. No necesitan poner sus nombres a calles, o a países, o erigirles monumentos o estatuas, frías y sin espíritu, mejor estatuas vivas, cada uno de nosotros, actuantes frente a lo injusto, ayudando al débil o al menos afortunado, sabios, sensibles, valientes; como aquellos de los que heredamos la vida y el sentido de la vida, y ser dignos, hijos de los sobrevivientes.
Personalmente, no voy a celebrar, que celebren otros, creo que prefiero recordar con respeto lo real e intentar ver con claridad el pasado y su continuidad en el presente, prefiero pensar y visualizar; aunque sé, estoy absolutamente convencido, que en la sencillez de un tradicional y rico plato con pozole, hay mucho de la dignidad perdida y del sentido de la vida que heredamos de nuestros padres, en la continuidad amorosa y desinteresada con la que día con día, las prodigiosas manos de las madres mexicanas, antes de la Independencia, en la Independencia, en la Revolución y aún hoy en día, siguen alimentando a sus hijos; no hay mayor prueba de amor, lealtad y dignidad a la patria, señoras y señores, que esa… porque ni uno sólo de los héroes hubiera hecho nada, sin ese recaudo ejemplar de amor.
Sólo por eso, si acepto un plato de pozole, para poder continuar en curso de ésta batalla, que es la vida. Ojalá los que me sobrevivan, entiendan el sentido de la vida que subyace en éste último comentario… con respeto a ustedes, a su sensibilidad y a su inteligencia.
Por Jaime Villareal Ramírez
Publicado hace un año en “Orbitando”, Periódico de la Universidad Latina de México.
En su honor
29 ago 2011
La insostenible dualidad del ser...
Soy mexicano y, por ende, barroco, bifronte y elíptico. Ésta es, sí, una acusación no pedida a la que añado ahora la siguiente explicación manifiesta. En mi descargo por lo que vaya a ocurrir ahora, cito a un autor, antiguo amigo, pariente ubicuo, regio reyesiano, uno de los pocos pensadores que nos queda en México, un país donde pensar es más necesario que nunca y donde corremos el serio riesgo de que nos mate precisamente el desprestigio del pensar. La cita proviene del libro Mexicanidad y esquizofrenia, de Agustín Basave:
No tenemos capacidad de síntesis. Fluctuamos entre la grandilocuencia y la sosería porque somos incapaces de concebir el punto intermedio de la austeridad elocuente; aprendemos a decir mucho y poco para enredar a nuestro interlocutor y acabamos enredándonos nosotros mismos.
Sirva esto para justificar los dos posibles destinos de mi presentación: el primero, que mis palabras parezcan demasiado breves y producto evidente de un denodado esfuerzo por traicionar mi mexicanidad barroca, traición que es perfectamente coherente con mi ser mexicano; y segundo, que mis palabras parezcan demasiado extensas, lo cual demostraría que soy un mexicano digno del bisturí lúcido del autor y del libro por el que ahora nos reunimos.
2.
El dios Jano, afirma Juan Eduardo Cirlot, era una deidad romana representada con dos rostros unidos por la línea de la oreja a la mandíbula, mirando en direcciones opuestas. Como todo lo orientado a la vez a la derecha y a la izquierda, es un símbolo de totalización, de anhelo de dominación general. Por su dualidad, puede significar todos los pares opuestos, es decir, coincide con el mito de Géminis. Parece ser que los romanos asociaban a Jano esencialmente al destino, el tiempo y la guerra.
Cierto, Jano ha sido invocado en numerosas ocasiones como articulación divinizada de nuestro bifrontismo y de nuestras personalidades escindidas. Este libro de Agustín Basave es ejemplo de ello, y acude a Jano y al diagnóstico de lo esquizoide ya no en un individuo sino en una cultura: la nuestra.
Jano también ha sido invocado cuando se alude a las dualidades monstruosas del ser, es abuelo y bisabuelo mitológico del licántropo, pero también primo del espejo y la sombra. Este libro de Agustín Basave también acude a ese referente, y alude a esa sombría y monstruosa partición del ser mexicano como un constante mirarse de Narciso en el agua, de Dorian Grey en su retrato y del Hombre Lobo en una víctima que se parece demasiado a él.
Por último, Jano es con frecuencia citado cuando arrancamos para hablar de máscaras. ¡Ah, las máscaras! Nos recuerda Octavio Paz que detrás de toda máscara se oculta una metamorfosis vergonzosa. Este libro también habla de esa acepción de Jano. El ensayo de Agustín Basave se suma con extraña dignidad a la parca nómina de reflexiones sobre la máscara mexicana pero, ante todo, sobre la penosa metamorfosis que esta máscara o estas máscaras ocultan y vienen ocultando desde nuestros pininos nacionales. Quitar la máscara y mostrar al monstruo requiere valor e inteligencia, un profundo sentido autocrítico y una humildad a toda prueba, la humildad de quien sabe que es parte del fenómeno que mira. Este libro de Agustín Basave vale, por eso, mucho más del trabajo que cuesta mirarse en el espejo y sostenerle la mirada a nuestro proteico monstruo multiforme.
3.
Para los romanos, los rostros de Jano se dirigían hacia el pasado y el futuro, y determinaban el conocimiento destinal. Pero, como bien señala Guénon, se trata de dos rostros que nos invitan a advertir el verdadero rostro: el del “eterno presente”. A simple vista, diríase que esta obra que ahora nos congrega es fatalista y terrible, que los rostros del mexijano aquí expuestos o desenmascarados resultan poco esperanzadores. No es así: bien visto, este libro es precisamente la resolución de la paradoja jánica: es un mirar al pasado y al presente para encontrar una síntesis hacia un mejor futuro o, si se quiere, un eterno presente, un presente sólido, claridoso, firme. En estas páginas se enuncia al fin ese conocimiento destinal al que aludían los clásicos, que en ocasiones llegaron a representar a Jano con un tercer rostro, lo cual lo hace más parecido a las deidades hindús. Agustín Basave ha convertido, pues, al Jano fatalista en el Jano borgesiano. Para Borges, recordemos, Jano era también el dios de las puertas.
4.
¿Adónde y por dónde conduce esa puerta que Agustín Basave ha abierto en el tercer rostro del mexijano? ¿En qué nuevo laberinto de soledad nos adentra una vez que, en la lectura de esta obra, alguien nos dice “fuera máscaras y cabellera”, mirémonos a calzón quitado? Los senderos del mejijano de Basave son muchos y se bifurcan, pero conducen, llevan a un corazón del laberinto donde nos aguarda, sí, el Minotauro, pero también la posibilidad de matarlo para recuperar a Ariadna merced al hilo umbilical de un razonamiento preciso, experimentado. A medida que he leído cada una de las reflexiones de Agustín Basave sobre los efectos de nuestra secular esquizofrenia en la política, la sociedad, el lenguaje; según he leído sus reflexiones sobre nuestra negación de la mezcla como cualidad y riqueza, he comprendido que, después de todo, somos una nación de profesionales de la supervivencia.
5.
Hará unas semanas, otro presentador y exegéta de Mexicanidad y esquizofrenia —si no me equivoco, fue Diego Valadés—, aseveraba que éste no es un libro, sino un espejo.
Coincido plenamente con esta visión, y me atrevo casi a poner ese espejo sobre la puerta a la que aludo. Este libro, cualquier libro, es siempre una puerta y un espejo, o una puerta con espejo. Creo, no obstante, que es necesario matizar: este espejo es un nítido retrato de otro espejo no tan nítido: el espejo de México como un espejo cóncavo y deformante de mal implementados modelos occidentales. Así definía Ramón del Valle-Inclán el esperpento: “Los héroes clásicos se reflejan en los espejos cóncavos. Ahí nace el esperpento”. Si hemos de creer y entender a Agustín Basave, nuestro país y sus habitantes hemos conseguido convertirnos en ese espejo deformante donde la Utopía se muestra con toda la magnitud de la Distopía: La democracia como mayoriteo demagógico, la justicia como ley del talión, el clasicismo como caricatura. Aquí se cuenta al fin cómo resolvimos nuestro ingreso en el concierto de las naciones en una bullanguera y tristemente risueña asunción de que México fue inventado como una quijotada, sueño devorado y vencido por la realidad. En esta realidad tremenda del infierno-mundo no sobreviven los soñadores sino los cínicos: aquí el pícaro es rey.
6.
En este sentido, percibo en qué medida somos una cultura fundada con la misma ingenuidad y la misma fatalidad con la que don Quijote sale de su casa por primera vez: románticos negadores de la realidad, violentadores de un mundo al que no entendemos. Rijosos, volátiles, errátiles, construimos nuestra cultura como un esperpento de otras culturas. Adquirimos un nombre oficial que no es nuestro, elaboramos una constitución a la que quisimos ajustar nuestra realidad y no a la inversa, nos tragamos la píldora de ser la Utopía de Europa y demasiado tarde descubrimos que Europa nos había convertido en el espejo cóncavo que sólo podía reflejar una Ucronía deformada, una utopía esperpéntica. Derrotados como don Quijote, los mejijanos quedamos entre infinidad de extremos: el de la inconsistencia no sólo entre realidad y fantasía, sino entre la verdad y la mentira, la identidad y la apariencia, la solemnidad excesiva y el desmadre radical, la absoluta sujeción a las reglas y la constante subversión de las reglas. Una a una, Agustín Basave desmonta estas paradojas y con ellas nos conduce a la explicación de nuestros males presentes y fluctuantes: los trastabilleos de la democracia, la proliferación de la violencia, la negación a ultranza de nuestra necesidad de elaborar un nuevo modelo constitucional y de entender de una vez por todas que un auténtico modelo democrático con vocación social no va a nacer de la mera aniquilación del monstruo de la revolución institucionalizada, ni del encumbramiento de una derecha o una izquierda radicalizados, mesiánicos, populistas o fanáticos. La solución, nos sugiere Basave, está en mirarse, primero, y en reconocerse: el primer paso para la reunificación de la personalidad escindida radica en reconocer que estamos escindidos y en entender las razones por las cuales lo estamos.
7.
Percibo, pues, bajo el aspecto sombrío del análisis de Agustín Basave, un ánimo esperanzador y festivo. En esta visión del Quijote derrotado, de la utopía esperpéntica, de la personalidad escindida, fluye el vitalismo del pícaro, que es el antiquijote por excelencia. Este mexicano es pícaro, un profesional de la supervivencia, un ser para el cual no hay redención porque sabe que se encuentra ya en el infierno. Ya que no hay más allá, no hay más remedio que dejarnos coronar reyes del carnaval, construir una ética de la supervivencia, una ética carnavalesca, contradictoria, proteica, bifronte, festiva, rocambolesca, barroca, fatalista como una canción de José Alfredo o grotesca como otra de Chava Flores; descompuesta y desesperanzada como nuestro refranero, nuestros corridos y nuestra vida cotidiana. El pícaro es cínico, reconoce que el destino lo ha arrojado en el mundo y que si es un hijo de la chingada no es por su culpa sino por mérito de sus ancestros. Asumido su fatal destino, el pícaro capitaliza su malicia y su indigencia, se somete a un nuevo orden, que casi siempre es el orden y el código de honor de la delincuencia, pero al fin y al cabo es un orden que le permite sobrevivir, irla pasando desde un “ya ni modo” jacarandoso, más malicioso que malvado. El pícaro es muy hombre porque está bien protegido en las faldas de mamá. El pícaro ha resuelto a su modo la amenaza de su esquizofrenia: no se quijotiza, se adapta al mundo del revés y se convierte en reina del carnaval o en rey momo. Cuando leemos Mexicanidad y esquizofrenia nos queda la sensación de que en el carnaval de la mexijanidad sí es posible encontrar un verdadero rostro, un rostro que conoceremos y recordaremos cuando inicie la cuaresma de la transición. Carnaval y cuaresma de la cultura, carnaval y cuaresma de la democracia, descenso a los infiernos de nuestro pasado proteico y de nuestro presente violento podrían ser sólo dos caras más de un peregrinaje a la salida del laberinto, ahí donde nos aguarda Ariadna, en el extremo final de este libro que es hilo, de una suerte mejor, de un futuro más claro, de una puerta, de un tercer rostro de Jano.
Ignacio Padilla en la presentación del libro "Mexicanidad y Esquizofrenia" de Agustín Basave durante la última edición de la Feria Internacional del Libro.
Reproducción del texto: Revista Este País.






